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  Museo Tamayo (Mexico)

MUSEO TAMAYO EN MEXICO

13 DICIEMBRE 2018

 

 

Ciudad de México. El Museo Tamayo ha dedicado la mitad de su espacio a las alrededor de 350 obras que conforman Todo lo otro, exposición de Germán Venegas (La Magdalena Tlatlauquitepec, Puebla, 1959), pintor y escultor ligado con el neomexicanismo en los años 80 del siglo pasado, que se inaugura hoy 11 de diciembre.

La muestra, que ocupa mil 220 metros cuadrados del recinto –y en dos niveles–, comprende obra producida a partir de mediados de los 90, que refleja el momento en que el artista se alejó de dicha corriente figurativa, de vivo colorido, que rastreó las raíces culturales nacionales. Curada por Juan Andrés Gaitán, director del Tamayo, y Andrea Paasch, es la exhibición más grande de su obra hasta el momento. El dibujo es el hilo conductor del conjunto de obra.

La decisión de Venegas de tomar otro camino coincidió con los sismos de 1985: “Salí del Centro de la ciudad y me fui a refugiar a un pueblito en las montañas en Xochimilco. Empecé a hacer trabajos mucho más lúgubres que tenían que ver con mi contacto con la naturaleza; era la primera vez que caminaba libremente por los montes en las mañanas. En esos paisajes la pintura ya no era estridente, los colores eran más matizados y la paleta tendía a ser más oscura”.

Todo lo otro se inicia con la serie monocromática Óxidos (temple sobre tabla). El entrevistado siempre ha tenido “un interés muy especial por la pintura, sin embargo por alguna extraña razón me desvié. En algún momento cuando hacía los altos relieves y que estaba muy conocido por ellos (exposición Polvo de imágenes, Museo de Arte Moderno, 1992), dije, dónde está la pintura. Esto que acabo de hacer está bien, me gusta, sin embargo, necesito pintar. Ese cambio fue justo lo que pasó a mediados de los 90”.

Hubo otros cambios en la vida de Venegas, en concreto su práctica del budismo zen. Explica: “Fui atraído por esa escuela del budismo por ser una práctica muy simple que no implica ningún tipo de culto, por lo contrario, hay que deshacerse de todas esas historias. Es un trabajo de concentración de la mente”.

Agrega que sus imágenes de Buda están directamente inspiradas en, y hechas con, la práctica de la meditación. La gran cabeza de la escultura policromada de cinco metros de altura, La forma es vacío y el vacío sólo forma (2000-2002), recibe al visitante a la exposición, mientras que sus pies descansan en la planta baja del museo, ya que hay un cubo que conecta a ambos espacios. La monumental pieza fue tallada en un tronco de ahuehuete muerto.

Venegas recuerda que uno de los problemas que tienen los pintores es “la tela o el material en blanco”: “Llegamos con muchas ideas sobre los materiales y las herramientas, sin embargo cuando nos ponemos a trabajar es muy difícil encontrar lo que queremos. En lo personal, antes de la práctica del zen, batallaba, bueno, lo sigo haciendo, sin embargo no sabía de qué manera llegar a lo que buscaba.

Había cuadros que trabajaba uno o dos meses sin poder resolver. Tapaba, quitaba, ponía, hasta terminar agotado, sin saber qué hacer. Entonces, empecé a trabajar al liberarme de lo que no podía resolver. Me di cuenta que en el momento de soltar toda la cosa, el cuadro fluía.

Lo que me había costado trabajo a lo largo de uno o dos meses, de repente en un par de horas estaba resuelto. Cuando empecé la práctica del zen descubrí que el asunto está en la necesidad de soltar. Se supone que lo creativo es algo que simplemente sucede, si no, ya está demasiado manoseado, por decirlo de alguna manera”.

Todo lo otro consiste en tres grupos de piezas: el primero más apegado al arte occidental, el segundo al arte oriental y el tercero al arte prehispánico, que es su trabajo más reciente y apenas se dará a conocer. Venegas señala que durante muchos años quiso hacer un trabajo inspirado directamente en el arte prehispánico, sin embargo no se sentía listo: “Esto me conecta mucho con mi pueblo. Soy del Estado de Puebla, somos entre nahuas y mixtecos. No lo hice antes porque tenía miedo de hacer un trabajo demasiado superficial. No obstante, pasaron muchos años y después de las prácticas de meditación entendí el trabajo de otra forma y sentí que ya era parte de esto y empecé a trabajar con ellos”.

También recibe al visitante la escultura en alto relieve, Tlalocan, conectado directamente con la tradición de su pueblo: “Siempre escuché las historias de los nahuales de agua que vivían en los montes cercanos o que iban a pasárselo muy bien un unas cuevas con un dios de la montaña. La pieza revive esos recuerdos de la tradición oral”.

Todo lo otro permanecerá hasta el 31 de marzo en el Museo Tamayo, Gandhi y Reforma, primera sección Bosque de Chapultepec.

 

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