Galeria



  Soy Tamayo


  Contactanos


    Unporta







  Libro: "La cripta sellada"

"LA CRIPTA SELLADA"

 

Autor: Ángel del Pozo de Pablos

Castilla ediciones. c/Villanubia 30  Valladolid

 Año 2007

313 páginas, tamaño: 15cm x 22,5 cm, de tapas semiblandas

Contenido: refiere una serie de crónicas insólitas de misterio ocurridas a lo largo de varios siglos en la zona de Castilla. Utiliza una fotografía de la iglesia de San Miguel de Tamayo como portada de su libro.

Entre estos relatos, en su página 61, hace referencia a un hecho inusual ocurrido en Tamayo. Toma esta referencia de otro autor, Pascual Madoz, pamplonés nacido en 1806, que publicó el “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar, editado en 16 volúmenes (Madrid, 1845-1850). Este autor recoge  en las páginas 463-464 del tomo correspondiente a la provincia de Burgos un hecho inusual ocurrido en Tamayo.

“En aquella época , mediado del siglo XIX, esta localidad era ayuntamiento, tenía 70 casas, 25 vecinos y un total de 89 habitantes y disponía de escuela, iglesia parroquial (San Miguel), servida por un solo párroco, una ermita dentro del pueblo (Virgen de las Nieves)my otras dos fuera del casco urbano (San Frutos y San Sebastián). Cuenta el navarro que acaeció un hecho de terror y espanto para los vecinos de esta población los días 19 y 20 de marzo de 1848: ≥ocurrió un horroroso fenómeno que pudo haberla hecho desaparecer de la faz de la tierra, dejaremos consignado este acontecimiento de terrible recuerdo para admiración de la posteridad. Un arriero que salía de la población, principió a sentir que la tierra se conmovía a sus pies, y asustado retrocedió como pudo a ella, donde contó lo que ocurría. No tardaron las gentes en convencerse de la certeza de cuanto el arriero les contaba. Las piedras se sacudían unas con otras; la tierra ostensiblemente se avanzaba hacia el lugar; el viñedo y árboles frutales que allí había desaparecieron, convirtiéndose aquel sitio ameno en peñasco árido y escabroso, las lomas y colinas en llanos, los llanos en terrenos desiguales y elevados. Ninguno conoce sus heredades, por haberse borrado las señales de sus respectivos linderos. Uno busca su heredad del trigo en punto donde a su desaparecer debía estar, y la encuentra sembrada de patatas, y así los demás; de suerte que nadie absolutamente conoce sus propias fincas. Lo más particular que ofrece este fenómeno es su larga duración, sintiéndose por dos días continuos, aunque con más o menos violencia. El cielo se cubrió como de polvo por aquella parte donde tuvo lugar esta catástrofe, que afortunadamente no llegó al pueblo de Tamayo más que a una casa que derribó. A pesar de su proximidad a Oña, nada percibieron ni sufrieron estos habitantes hasta la relación de los de Tamayo……≥

El autor del libro, Ángel del Pozo, hace un comentario sobre este suceso extraño: ≥De esta narración podemos extraer que se generó un movimiento sísmico de avance progresivo que duró dos días y en el que se produjeron cambios morfológicos sensibles como la desaparición de linderos y alteración de la orografía que circundaba el pueblo. La gran nube de polvo, a la que hace referencia el texto, nos inclina a pensar que el clima en aquella época sería seco y caluroso, aparte de imaginar las escenas de terror que debieron de vivirse solo en Tamayo (pues dato curioso, a pesar de la proximidad los vecinos de Oña nada percibieron), debido al fenómeno vivido y su extensa duración. Llegados a este punto, me imagino que se preguntarán que tienen de misteriosos los hechos narrados por Pascual Madoz porque probablemente ustedes están barajando la posibilidad de que todo se explicaría con la hipótesis de un pequeño terremoto o un intenso corrimiento de tierras. Pues lamento decirles que probablemente estén equivocados.

Cuando visité con mi anterior compañero de investigaciones Pedro García, el municipio de Tamayo, nos encontramos un pueblo prácticamente abandonado en el que pudimos observar, recorriendo sus calles, cómo están empezando a condicionarse algunas de sus casas. Este lugar quedó a merced de raposos y alimañas, pues permaneció abandonado por cerca de 40 años ya que poco a poco sus habitantes fueron emigrando al extranjero o se desplazaron a localidades próximas buscando mejorar sus vidas durante los duros años 60, hasta que el pueblo quedó totalmente abandonado. Es emocionante realizar este recorrido sabiendo los hechos que allí ocurrieron, aunque para ser sinceros sentíamos algo de desasosiego cuando nos adentrábamos en sus desiertas y semiderruidas casas. El edificio que más llama la atención es la iglesia, cuya entrada se encuentra tapiada, si bien a través de un agujero pudimos observar en su interior, por donde lamentablemente se advierte cómo este sagrado lugar ha sido malogrado y profanado por iluminados satanistas o por simples graciosos que han llenado sus paredes de escritos como el que puede advertirse en la pared del fondo, donde con grandes letras, puede leerse “Dios ha muerto”. En el suelo pudimos comprobar cómo algún desalmado se ha ocupado de profanar las sepulturas removiendo los huesos que las ocupaban, seguramente en busca de algún pequeño botín. Ya en la parte superior del pueblo, pudimos apreciar las señales de hundimiento en el terreno, que bien podrían tener su origen en el fenómeno telúrico estudiado. Ahora ya solo quedaba averiguar si los hechos que allí se produjeron eran ciertos, y si tenían una explicación lógica y racional. Para ello me puse en contacto con Alberto Barrio Gómez, pertinaz y eficaz investigador donde los haya, responsable de sacar a la luz estos misteriosos incidentes.

Los hechos, aparte de constar en el diccionario de Madoz, también figuran en el libro de cuentas de la parroquia de Tamayo en el que se contabilizaban varias obras acometidas en la iglesia en 1840, ratificando, en una breve reseña, los hechos publicados por Madoz, y confirmando que no hubo víctimas ni ruinas en el pueblo como consecuencia  de tan extraños acontecimientos. La hipótesis más aceptable en un principio, era la de que Tamayo hubiese sido sacudido por un terremoto de pequeña intensidad. Queda anulada esta posibilidad cuando después de consultar al Observatorio Geofísico de Toledo se recibe la siguiente contestación:  ≥he de comunicarle que hemos consultado el Catálogo de Sismicidad del Área ibero-magrebí publicado por el Instituto Geográfico Nacional en 1983 en el que se describen todos los sismos ocurridos en la Península Ibérica y zonas adyacentes hasta el año 1980, y ni en marzo de 1848 ni en todo el año, aparece ningún seísmo con epicentro en la provincia de Burgos, y tampoco que se pudieran sentir en dicha zona…≥ Queda una hipótesis más, que sería la de corrimiento de tierras, a lo que Alberto nos responde lo siguiente: “La hipótesis más probable es la de una progresión descendente por hundimiento del terreno calizo superior y cuya interpretación corresponde en todo caso a los geólogos, pero no es normal que un corrimiento de tierras suba desde el llano en que esta ahora la vía del  ferrocarril y por todo lo demás, si el arriero salía del pueblo debería hacerlo en dirección a Oña (sentido descendente), que es la salida natural de Tamayo y si observó el fenómeno fue mirando hacia la cima de la loma, pues el camino que asciende hasta allí no tiene otra salida que el monte y para tomar caminos de arriería era necesario casi con toda seguridad aproximarse a Oña.

Se van agotando las posibles explicaciones y las sospechas de que allí puedan llegar a suceder cosas extrañas se verían incrementadas después de revelar las fotos que del entorno hicimos. En una de ellas, y sólo en una como pueden observar en la fotografía que ha servido como portada de este libro, apareció una extraña niebla cuando fotografiamos la fachada de la abandonada iglesia. Nos pusimos en contacto con un laboratorio fotográfico para que nos dieran explicación a esta anomalía y la respuesta fue la siguiente: “Si esa niebla no estaba allí y ustedes no se encontraban fumando en el momento de realzar la fotografía, lo más probable es que la máquina fotográfica haya fallado o bien el fallo haya podido deberse a la cinta que corre el carrete o que aunque es muy extraño que este hecho solo se produzca en una sola fotografía”. A nosotros se nos ocurrió otra posible explicación ¿Estaría alguien, no visible al ojo humano, ejerciendo de guía turístico durante nuestro recorrido a este misterioso lugar?.

 

Y es que sin duda existen lugares en los que antes hubo vida que quedan marcados por huellas invisibles. En la memoria colectiva existe un recuerdo de que aquellos territorios tuvieron que ser abandonados por extraños hechos o sucesos inexplicables”.

 

Autorizada esta publicación por el propio autor

Volver.